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PARQUE URBANO “PUNTA DE RIELES”: UNA DECISIÓN DE CIUDAD QUE NO ADMITE MÁS POSTERGACIONES

Pichilemu enfrenta hoy una disyuntiva que va más allá de un proyecto urbano puntual: se trata de decidir qué tipo de ciudad quiere ser en las próximas décadas. El anteproyecto del Parque Urbano “Punta de Rieles” no solo propone recuperar un espacio largamente abandonado, sino que plantea una respuesta integral a problemas de seguridad, desarrollo económico, patrimonio y sustentabilidad que la comuna arrastra desde hace años.

En primer lugar, el parque surge como una herramienta concreta frente a una realidad que los vecinos conocen de sobra: la ocupación ilegal de terrenos de EFE, la inseguridad y la insalubridad en sectores estratégicos de la ciudad. Esta iniciativa entrega el soporte legal que la Empresa de Ferrocarriles del Estado necesita para iniciar acciones de reivindicación y desalojo en los lotes tomados, sin afectar a terceros que hoy hacen uso legítimo de otros terrenos. Más aún, permitiría erradicar un foco crítico de delincuencia y abandono que ha generado reiterada preocupación de autoridades y residentes, transformando esos espacios en áreas verdes y recorridos públicos planificados.

Pero no se trata solo de “ordenar” el territorio. El proyecto se alinea plenamente con la visión comunal definida en el PLADECO, que busca consolidar a Pichilemu como un polo turístico regional que protege su identidad y su entorno natural. Aunque la idea de un parque ferroviario ha estado presente desde los años noventa, hoy se presenta reformulada y coherente con la planificación estratégica que la propia comuna se ha trazado. En ese sentido, Punta de Rieles no irrumpe como un cuerpo extraño, sino como una materialización concreta de esa hoja de ruta.

Desde la perspectiva económica, el impacto potencial es significativo. En una segunda etapa, el parque permitiría crear un polo de servicios permanentes, con comercio, servicios financieros, cafeterías, artesanía local y un centro de convenciones con capacidad para 750 personas. Este último elemento es clave: abrir la puerta al turismo de negocios y eventos durante todo el año, rompiendo la histórica dependencia de la temporada estival. A ello se suma la generación de empleo, tanto en la fase de construcción como en la operación futura de estos servicios.

Pichilemu, además, enfrenta el desafío de profesionalizar y diversificar su oferta turística. El surf ha sido, sin duda, un motor de posicionamiento internacional, pero el crecimiento de la comuna y el aumento sostenido de la plusvalía del suelo —que se ha duplicado en menos de una década— exigen pensar en nuevos públicos. Un parque urbano de alto estándar, con arquitectura cuidada y servicios integrados, puede atraer a visitantes con mayor poder adquisitivo, interesados en experiencias más amplias, familiares y vinculadas a la cultura y la naturaleza.

En este punto, la sustentabilidad deja de ser un eslogan y se convierte en un eje estructural del proyecto. El respeto y la puesta en valor del Humedal Petrel, mediante miradores y senderos de observación de avifauna, se complementa con compromisos concretos como un Acuerdo de Producción Limpia, eficiencia en el uso del agua y la energía, gestión responsable de residuos y la incorporación de energías renovables para el alumbrado del parque. Es una señal clara de que desarrollo y protección ambiental no son conceptos incompatibles.

Todo esto adquiere un sentido aún más profundo en el contexto del centenario de la llegada del tren a Pichilemu, que se conmemora entre 1926 y 2026. Recuperar la antigua infraestructura ferroviaria no es solo un acto de nostalgia, sino una apuesta por revalorizar un patrimonio que estuvo a punto de perderse tras el incendio de 1991 y décadas de abandono. Salvo la ex Estación, gran parte de ese legado ha permanecido invisible para la ciudad. Hoy, con proyectos como la reconstrucción de la Casa Hogar Ferroviaria avanzando hacia su licitación, se abre una oportunidad histórica para devolverle vida y sentido a ese espacio.

Finalmente, uno de los argumentos más contundentes a favor del Parque Punta de Rieles es su modelo de gestión. La fórmula de usufructo conversada preliminarmente con EFE permitiría que las inversiones de privados o fondos concursables se consideren como pago de arriendo, evitando un costo directo para el municipio en la construcción inicial. El rol municipal sería el de articulador y garante institucional, algo indispensable para dar viabilidad política y administrativa a la iniciativa. EFE, por su parte, ha manifestado interés real, pero ha sido clara: el paso siguiente es un acuerdo formal con el municipio.

En síntesis, Punta de Rieles no es solo un parque. Es una decisión estratégica sobre seguridad, desarrollo, identidad y futuro. Postergarla implica seguir conviviendo con el abandono; impulsarla, en cambio, abre la posibilidad de transformar un problema histórico en uno de los mayores activos urbanos de Pichilemu.

Washington Saldías González

www.pichilemunews.cl

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