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EN ALTO MAULE SE JUEGA EL DESTINO MEDIOAMBIENTAL DE CHILE

Región del Maule.- La discusión sobre el proyecto de interconexión eléctrica Los Cóndores–Río Diamante, no puede reducirse a una disputa técnica entre una empresa y el Estado. Lo que está en juego en el Alto Maule es mucho más profundo: quién decide sobre los territorios, para quién se construye el desarrollo y quién termina pagando sus costos.

El paisaje y la naturaleza del Alto Maule son el corazón de su atractivo turístico, es patrimonio vivo.

Una infraestructura de esta magnitud alteraría gravemente sus paisajes y con ello, a quienes dependen del turismo, servicios, actividades recreativas y emprendimientos locales. La disputa entonces no es solamente ambiental: también es económica. ¿Queremos una economía territorial asociada a la conservación, el turismo y el patrimonio, o una economía subordinada a infraestructura energética de gran escala?

La rana del Pehuenche, en peligro crítico de extinción, se ha convertido en el símbolo de esta discusión. Su hábitat se encuentra precisamente en pequeños esteros y vegas de alta montaña amenazados por el proyecto.

Increíblemente tuvo que aparecer Leonardo DiCaprio para recordarle al mundo -y a nuestras autoridades- que existe una rana en peligro crítico en el Alto Maule. Aunque resulta absurdo que una especie de nuestro propio territorio necesite una alerta desde Hollywood para que las autoridades de Chile miren hacia su cordillera. Más preocupante aún es el silencio de la ministra de Medio Ambiente. No pronunciarse no es neutralidad: es actuar como si comunidades y empresas tuvieran el mismo poder para transformar el territorio y definir su destino.

La rana no es la única. Su caso revela algo mayor: la biodiversidad no es un costo secundario del desarrollo, sino parte de las condiciones materiales que sostienen la vida y las actividades del territorio.

Facilitar aún más la llegada de grandes empresas que ya cuentan con capital, abogados y lobby.

Depredar el territorio en nombre del crecimiento, hasta que ya no quede territorio ni tampoco la promesa de crecimiento.

El Maule tiene memoria. La defensa del río Achibueno y la oposición al proyecto termoeléctrico Los Robles demostraron que la conciencia puede más. Comunidades y organizaciones se movilizaron, logrando cambiar el destino precordillerano. Hoy el cajón del Achibueno recibe miles de turistas cada año. Por eso la participación ciudadana no puede ser considerada un obstáculo. Es una democracia en ejercicio.

El Alto Maule vuelve hoy a poner esa discusión sobre la mesa. No se trata solamente de 72 torres. Se trata del agua, del turismo, del paisaje, de la biodiversidad, de las actividades económicas y de las condiciones de vida de quienes habitan el territorio.

Chile necesita energía, pero eso no responde la pregunta fundamental: ¿estamos produciendo para satisfacer las necesidades de la sociedad o poniendo a los territorios al servicio de la acumulación de capital? Porque mientras para las grandes empresas el territorio no es nada más que una oportunidad de inversión, para quienes lo habitan es la condición material de su vida. Defender el Maule es disputar esa contradicción.

Por Florencia Vargas Henríquez, Antropóloga, Encargada Comisión Nacional de Medioambiente y Ecología de las JJCC.

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