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PRIMEROS AUXILIOS EN EL TRABAJO: CUANDO LO MENOS FRECUENTE PUEDE SALVAR UNA VIDA

En las salas de primeros auxilios de las empresas, lo más habitual no siempre es lo más grave. Esguinces, lesiones de mano, cortes menores o molestias osteomusculares concentran gran parte de las atenciones diarias. Son eventos relevantes, pero no necesariamente los que deberían encender las principales alarmas.

El verdadero desafío está en prepararse para aquello que ocurre menos y puede cambiar una vida en pocos minutos: un paro cardiorrespiratorio, un infarto, un ataque cerebrovascular, una hemorragia severa, una asfixia por atragantamiento, una electrocución, una caída con consecuencias graves o pérdida de conciencia provocada por una fuga de gases en espacios confinados. En esos casos, actuar a tiempo puede ser determinante.

En medicina del trabajo solemos asociar el riesgo grave a faenas industriales, minería o construcción. Es cierto que allí una hemorragia, una lesión traumática o la exposición a gases pueden transformarse rápidamente en emergencias vitales. Sin embargo, sería un error pensar que las oficinas están libres de estos eventos. Los cuadros cardiovasculares pueden ocurrir en un escritorio o en una reunión. La OMS y la OIT han advertido que las largas jornadas laborales se asocian a muertes por enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular.

En Chile, la capacitación en primeros auxilios no es obligatoria para todos los trabajadores. La normativa exige gestionar riesgos y disponer de personas preparadas para emergencias, pero muchas organizaciones concentran esa formación en comités paritarios o brigadas. En minería, en cambio, los estándares suelen ser más estrictos por la complejidad de sus riesgos y la necesidad de responder ante escenarios críticos.

Cumplir solo con el mínimo legal no basta para una cultura preventiva real. Una empresa puede tener un protocolo, un botiquín visible o una brigada designada. Si los trabajadores no saben a quién llamar, dónde está el desfibrilador o qué hacer frente a una persona inconsciente, la respuesta inicial puede fallar justo cuando más se necesita.

En urgencias se habla de la “hora de oro”, pero en un paro cardiorrespiratorio el margen es mucho más estrecho: son los “minutos de platino”. La evidencia en reanimación señala que, sin maniobras oportunas, la supervivencia puede disminuir entre 7% y 10% por cada minuto de retraso. Por eso, esperar de brazos cruzados a que llegue una ambulancia puede ser demasiado tarde, incluso en zonas urbanas.

Los primeros auxilios no reemplazan al médico ni al equipo de emergencia. Son el puente que mantiene viva a una persona hasta que llegue la atención avanzada. La asistencia y el llamado de ayuda deben ocurrir en paralelo: mientras alguien contacta a emergencias, otra persona debe iniciar las maniobras necesarias, siempre que esté capacitada y la escena sea segura.

La preparación exige revisar los recursos disponibles. Un botiquín laboral no debería limitarse a insumos para lesiones menores. Debe considerar apósitos grandes, elementos para controlar hemorragias, torniquete cuando corresponda y mascarilla para RCP. Lo mismo ocurre con los desfibriladores externos automáticos: aunque no todas las empresas están obligadas a contar con un DEA (ante un paro cardíaco súbito), los estándares internacionales y sectoriales han impulsado su incorporación en lugares de alta afluencia, industrias, faenas y espacios donde el tiempo de respuesta puede ser crítico.

Estos equipos son seguros, visibles y fáciles de usar cuando existe entrenamiento adecuado. Están diseñados para descargar solo si el ritmo cardíaco lo requiere, pero su disponibilidad debe ir acompañada de capacitación en RCP y de información clara para todos los trabajadores. Disponer de un DEA y de personas preparadas no debería verse como un lujo ni como una exigencia adicional, sino como parte de una gestión preventiva seria.

La seguridad laboral no puede medirse solo por la frecuencia de los accidentes. También debe evaluarse por la capacidad de responder ante eventos críticos. Lo más común puede llenar una sala de primeros auxilios, pero lo menos frecuente puede poner en riesgo una vida.

 Dra. Marta Cabrera Contreras, médica del trabajo y miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo (SOCHMET).

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