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DÍA MUNDIAL DEL TAEKWONDO: ERIC VALDIVIA, UNA VIDA DEDICADA A FORMAR PERSONAS A TRAVÉS DE LAS ARTES MARCIALES

Rancagua.- Este viernes 4 de septiembre se conmemora a nivel internacional el Día Mundial del Taekwondo, una fecha instaurada por la Federación Mundial de Taekwondo en 2006 con el propósito de promover esta disciplina, aumentar su conocimiento y reconocer su importancia como deporte y herramienta de formación.

La celebración recuerda además el camino recorrido por el taekwondo hasta convertirse en una disciplina de alcance mundial y en deporte olímpico oficial, reuniendo hoy a millones de practicantes en distintos países.

Más allá de las competencias, los combates y las medallas, el taekwondo representa una filosofía de vida basada en valores como el respeto, la disciplina, la perseverancia, el honor y el sacrificio.

Y precisamente en esta jornada de celebración, quisimos conocer la historia de uno de los maestros que ha contribuido durante décadas al desarrollo de esta disciplina en la Región de O’Higgins y en distintas zonas del país: Eric Jesús Valdivia Araya, 7º Dan y Maestro de Taekwondo, además de evaluador internacional Kukkiwon.

UNA HISTORIA QUE COMENZÓ EN 1990

La historia de Eric Valdivia con el taekwondo se remonta a comienzos de la década de 1990. El 2 de octubre de 1990 fundó su primera escuela, el Club Taekwondo Rengo, dando inicio a un proyecto que con el paso de los años se transformaría en una verdadera escuela de formación deportiva y humana.

Cuatro años después, en 1994, nació el Club Fénix Rancagua, desde donde comenzó a expandirse con mayor fuerza su trabajo.

Con el paso del tiempo, esa labor permitió la creación de más de 50 clubes y academias a lo largo de Chile, desde Arica hasta Punta Arenas.

Un crecimiento que también se vinculó con el desarrollo organizacional de la disciplina. En 2010 se oficializó la Liga Nacional, con sede en la ciudad de Osorno, consolidando nuevos espacios para la práctica y competencia del taekwondo en el país.

MÁS DE 800 DEPORTISTAS FORMADOS

Cuando se habla de trayectoria deportiva, las cifras permiten dimensionar parte de una historia, pero detrás de cada número existen personas, familias, sacrificios y sueños.

En su recorrido como maestro, Eric Valdivia estima que más de 800 deportistas han pasado por sus escuelas de Rancagua y Rengo.

A ello se suma otro dato que refleja la profundidad de su trabajo formativo: más de 200 cinturones negros han rendido examen en Fénix Chile.

Pero para el maestro, el verdadero resultado de todos estos años no necesariamente se encuentra en un podio.

“MÁS ALLÁ DE LAS MEDALLAS, ESTÁ LA FORMACIÓN DE BUENOS CIUDADANOS”

Al preguntarle qué lo motivó a dedicar gran parte de su vida al taekwondo, su respuesta refleja una concepción de esta disciplina que va mucho más allá del ámbito estrictamente deportivo.

“Aportar en nuestra sociedad con personas de bien, con valores propios del taekwondo. Más allá de medallas, es la formación de buenos ciudadanos”.

Una declaración que resume una filosofía que ha acompañado su trabajo durante más de tres décadas.

Para Valdivia, cada entrenamiento es también una oportunidad para entregar herramientas que puedan acompañar a sus alumnos durante toda la vida.

La competencia puede entregar triunfos, derrotas, medallas y experiencias, pero el objetivo fundamental está en formar personas capaces de enfrentar las dificultades con disciplina y perseverancia.

LEALTAD, HONOR Y SACRIFICIO

La enseñanza de sus escuelas tiene además un sello claramente definido.

“Lealtad. Honor. Sacrificio” es el lema que identifica a Fénix Chile y que, de acuerdo con el maestro, representa principios fundamentales de la formación de sus deportistas.

En un mundo deportivo donde muchas veces los resultados terminan concentrando toda la atención, Valdivia plantea una mirada diferente: el éxito no solamente se mide por cuántas medallas obtiene un competidor, sino también por la persona que llega a ser después de años de entrenamiento.

Es allí donde aparece una de las dimensiones más profundas de las artes marciales: aprender a ganar, pero también aprender a perder; conocer los propios límites y, al mismo tiempo, trabajar para superarlos.

UN DÍA PARA MIRAR HACIA EL FUTURO

El Día Mundial del Taekwondo no es solamente una fecha para recordar la historia de esta disciplina. También es una oportunidad para mirar hacia las nuevas generaciones.

En ese sentido, Eric Valdivia considera que esta celebración tiene un significado especial.

“Hoy, en el Día Mundial de nuestro amado deporte, es para promover nuevas generaciones, reconocer a los activos y homenajear a los que no están”.

Una frase que adquiere especial significado al observar la trayectoria construida desde aquel primer club fundado en Rengo en 1990.

Más de tres décadas después, aquella iniciativa inicial se transformó en una extensa red de escuelas, deportistas y cinturones negros que han llevado consigo las enseñanzas recibidas en los tatamis.

EL LEGADO QUE QUEDA

El taekwondo nació y se desarrolló como una disciplina marcial en Corea, evolucionando posteriormente hasta convertirse en uno de los deportes de combate más reconocidos internacionalmente.

Su incorporación al programa olímpico significó otro importante paso en su expansión mundial.

Sin embargo, historias como la de Eric Valdivia muestran que el desarrollo de un deporte no depende únicamente de grandes escenarios internacionales. También se construye silenciosamente en cada gimnasio, en cada escuela, en cada entrenamiento y en cada maestro que decide dedicar su vida a formar nuevas generaciones.

Desde  Rancagua, y a todo Chile el maestro Eric Valdivia Araya ha sido parte de ese proceso.

Su historia comenzó hace más de 35 años con una escuela y un puñado de alumnos. Hoy, su trayectoria se mide en cientos de deportistas formados, más de 200 cinturones negros examinados y decenas de clubes y academias que han surgido bajo el impulso de una disciplina que, para él, representa mucho más que un deporte.

En este Día Mundial del Taekwondo, su mensaje vuelve a poner el foco donde quizás está la esencia de las artes marciales: las medallas pueden quedar en una vitrina, pero los valores aprendidos durante años de entrenamiento acompañan a una persona durante toda su vida.

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