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TALCA TRANSFORMA SUS RESIDUOS EN FUTURO

Talca.- Hay obras que se pueden medir por sus metros cuadrados, por la inversión realizada o por el tamaño de su infraestructura. Pero hay otras cuyo verdadero valor está en el cambio que pueden provocar en una ciudad. La nueva Planta de Compostaje Municipal de Talca pertenece, a mi juicio, a esta segunda categoría.

Hace pocos días nuestra comuna puso oficialmente en funcionamiento la planta municipal de compostaje más grande de Chile. Ubicada en el sector de Huilliborgoa, junto al relleno sanitario El Retamo, cuenta con una superficie de 1,2 hectáreas y comienza procesando cerca de cinco toneladas diarias de residuos orgánicos provenientes principalmente de la Macroferia y de las podas urbanas. Su capacidad proyectada llegará progresivamente a las 20 toneladas diarias.

No estamos hablando simplemente de qué hacemos con nuestra basura. Estamos hablando de cómo queremos construir el Talca de las próximas décadas.

Hoy tenemos la posibilidad de transformar algo que antes considerábamos un desecho en un recurso que vuelve a nuestra ciudad. Los restos vegetales y residuos orgánicos pueden convertirse en compost y posteriormente ser utilizados en nuestras áreas verdes, parques, espacios públicos y eventualmente en otras actividades productivas. Eso es economía circular en términos concretos: dejar atrás la lógica de usar y botar, y comenzar a entender que muchos de nuestros residuos pueden tener una segunda vida.

La dimensión del desafío es enorme. Según el Ministerio del Medio Ambiente, aproximadamente el 58% de los residuos sólidos municipales de Chile son orgánicos, equivalentes a casi cuatro millones de toneladas anuales. Sin embargo, históricamente hemos valorizado una fracción mínima de ellos. La Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos plantea precisamente cambiar esa realidad y alcanzar un 66% de valorización al año 2040.

Por eso lo que estamos haciendo en Talca tiene una importancia que trasciende nuestra comuna.

Cada tonelada de materia orgánica que dejamos de enterrar significa menos presión sobre nuestros sistemas de disposición final. De acuerdo con Subdere, cuando esta planta avance en su operación permitirá disminuir aproximadamente en un 3% los residuos que llegan al relleno sanitario El Retamo. Eso contribuye a extender su vida útil y a avanzar hacia una gestión mucho más responsable de nuestros residuos.

También existe un beneficio ambiental directo. Cuando los residuos orgánicos terminan enterrados en rellenos sanitarios se descomponen en condiciones que producen, entre otros gases de efecto invernadero, metano. El compostaje permite evitar parte de esas emisiones y devolver nutrientes a nuestros suelos. El Ministerio del Medio Ambiente estima que una adecuada gestión de residuos orgánicos mediante compostaje y otros procesos puede reducir significativamente las emisiones asociadas al sector residuos.

La planta, además, incorpora tecnología entregada en el marco de la cooperación entre Chile y Canadá, que permite acelerar el proceso de degradación de la materia orgánica y disminuir los tiempos necesarios para producir compost. El proyecto involucró una inversión superior a $1.180 millones, con participación de Subdere, el Gobierno Regional y el municipio.

Pero quiero detenerme en algo que considero todavía más importante.

La planta por sí sola no va a cambiar nuestra relación con los residuos. Ese cambio tenemos que hacerlo nosotros.

El gran desafío que viene ahora es lograr que este esfuerzo llegue progresivamente a nuestros barrios y hogares. Debemos avanzar en educación ambiental, separación de residuos en origen, compostaje domiciliario y comunitario y, en el futuro, sistemas que permitan incorporar cada vez una mayor cantidad de residuos orgánicos domiciliarios a esta nueva infraestructura.

Ahí tenemos una tremenda oportunidad para trabajar con nuestros establecimientos educacionales. Me gustaría que nuestros niños y niñas puedan conocer esta planta, entender el proceso y aprender desde pequeños que una cáscara de fruta no necesariamente es basura. La educación ambiental puede transformar hábitos familiares completos y construir una generación mucho más consciente respecto del lugar donde vive.

También debemos pensar en nuestros barrios, juntas de vecinos, ferias y organizaciones comunitarias. Una política ambiental funciona realmente cuando deja de pertenecer solamente al municipio y comienza a ser parte de la vida cotidiana de las personas.

Por eso esta inauguración no puede ser entendida como la meta.

Es el punto de partida.

Tenemos una infraestructura que hoy nos pone a la vanguardia nacional en compostaje municipal. Ahora tenemos la responsabilidad de aprovecharla, hacerla crecer y lograr que cada vez más residuos que hoy terminan enterrados puedan convertirse nuevamente en un recurso útil para Talca.

Quiero una ciudad que crezca, que avance y que se modernice, pero también una ciudad que sea capaz de hacerse responsable de los residuos que genera.

Porque hablar de medioambiente no puede limitarse a discursos o buenas intenciones. Tiene que traducirse en decisiones, infraestructura, educación y cambios concretos.

Hoy Talca tiene la planta municipal de compostaje más grande de Chile.

El desafío que viene ahora es todavía más grande: construir entre todos una cultura que nos permita generar menos basura, recuperar más de nuestros residuos y dejarles a quienes vienen después de nosotros una ciudad más limpia, verde y sostenible.

Ese es el Talca que tenemos que levantar.

 Por Patricio Mena, concejal de Talca

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