Actualidad Ambiental

EL SUELO: UN ECOSISTEMA OLVIDADO

7 de julio: Día internacional de conservación de los suelos

El suelo es la capa más externa de la corteza terrestre, sobre el cual se establecen las plantas para su desarrollo. Los suelos en Chile se formaron a partir de la actividad volcánica (acción de las placas tectónicas) y aluvial (material arrastrado por los ríos); esto ha permitido que los suelos tengan una composición variada de sales minerales solubles y partículas formadoras. En la Región de O’Higgins, el suelo es utilizado para la actividad minera, forestal y agropecuaria; en general los suelos están constituidos por partículas minerales formadoras (arena, limo y arcilla), sales minerales solubles (nitrógeno, fosforo, potasio entre otras), materia orgánica de origen animal o vegetal, aire y agua.

Los suelos se han formado a través de millones de años por acción de los factores formadores como el clima, el tiempo, microorganismos del suelo, el relieve y el tipo de material parental (tipo de roca sobre la cual actúan estos factores). La formación de los diferentes suelos en el mundo y en específico en Chile han llevado a clasificarlos por su origen, su composición química y por la presencia de partículas minerales formadoras; ésta última es lo que se conoce como la propiedad física del suelo llamada textura, referido al tipo de partícula presente en el suelo. Por ejemplo: un suelo en el que están equilibradas las partículas formadoras arena, limo y arcilla se dirá que es un suelo con textura franca, si en otro suelo predomina más arcilla el suelo podría tener una textura arcillosa hasta franco arcillosa, características que influyen en la aptitud de uso agrícola del mismo.

Un suelo con exceso de arcilla sufrirá de compactación cuando esté seco o plasticidad cuando esté muy húmedo, dificultando el laboreo de la tierra; si por el contrario predomina la arena, el suelo podría tener baja retención de humedad, desperdiciándose el recurso hídrico. Estas propiedades definirán las labores de suelo a realizar por el agricultor.

¿Qué podemos hacer para evitar el deterioro?

Pero normalmente una de las características del suelo que olvidamos es la presencia de materia orgánica. Cuando las plantas mueren, los restos vegetales se descomponen contribuyendo a esta propiedad, lo mismo ocurre con los desechos animales como guano. Estos aportes contribuyen a aumentar la población de microorganismos del suelo que a su vez mejoran el movimiento de los nutrientes que las plantas consumen, regula la propiedad química de pH y mejora la aireación y oxigenación del mismo. Recordemos que el suelo ha sido utilizado desde siempre por la agricultura como un sustrato base para el establecimiento de los cultivos para la alimentación humana, pero lamentablemente la sequía, el sobre laboreo, el sobrepastoreo, la desforestación y la quema ilegal son malas prácticas agrícolas que están empobreciendo los suelos, deteriorando este recurso natural.

Esto se puede revertir con manejos simples y al alcance de todos, como incorporar cantidades adecuadas de materias orgánicas de origen vegetal, restos de cultivos, rastrojos de cosechas picados o guano de animales herbívoros (siempre seco). Nunca se deben quemar malezas o restos de cultivos, ya que esto destruye la microfauna y microflora del suelo dejando un sustrato inerte.

Si seguimos a este paso, contaminando, destruyendo el suelo o usándolo indiscriminadamente para el establecimiento de carreteras o construcción de viviendas, ya no quedarán superficies cultivables que podamos heredar a nuestros hijos para el desarrollo de la agricultura, actividad que tiene como fin básico producir alimentos para la comunidad.

Wilson Espinoza Duarte
Jefe de carreras – Área Recursos Naturales
IP-CFT Santo Tomás, sede Rancagua

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